Comer es una necesidad básica, pero nuestras elecciones alimentarias no dependen únicamente del hambre.
En los últimos años, distintas
investigaciones mostraron que el sistema de recompensa del cerebro también influye en qué
alimentos elegimos y en la necesidad de volver a consumirlos.
Determinados productos, especialmente los ricos en azúcar, grasa y sal, activan circuitos relacionados con el placer, mientras que el cerebro y el intestino también pueden
generar asociaciones inconscientes que refuerzan esas preferencias con el tiempo.
Estos vínculos no se construyen de un día para otro, sino a partir de experiencias y aprendizajes a lo largo de la vida. Pero ¿cómo se forman? ¿por qué muchas personas sienten que un dulce o un helado son un "premio", mientras que una ensalada rara vez ocupa ese lugar?
Durante el webinar de PALIG "Alimentación con propósito", especialistas en nutrición y psicología abordaron cómo se construyen estas asociaciones con la comida y por qué ciertos hábitos se consolidan desde edades tempranas.
Al ser consultada sobre por qué solemos percibir o catalogar ciertos alimentos poco saludables como premios, Gloriana Arce, nutricionista y especialista en enfermedades crónicas, sostuvo: "Ese es un error que creo que cometemos desde que somos niños".
La experta señaló que desde nuestros primeros años "hacemos un click" tras recibir mensajes tales como "si te comes la comida luego puedes comer tal cosa" y el razonamiento pasa a ser: esto es un premio, mientras lo primero es un deber o una obligación.
En ese contexto, Arce propuso dejar de hablar de "comidas premio" y, en cambio, utilizar el concepto de "alimentos divertidos" o
fun foods. "Cuando uno restringe los alimentos divertidos o no se los permite, aumenta ese ruido en la cabeza, lo que se conoce también como "
food noise", que es: lo quiero, pero no debo", explicó.
Y agregó: "Es importante entender que en la vida de todos tiene que haber alimentos divertidos. Idealmente priorizando todo lo nutritivo, que es lo que llena nuestro cuerpo, pero esos alimentos divertidos tienen que existir. Tenemos que quitarles ese peso, esa culpa. No son un premio, son parte de nuestra alimentación como también lo son las frutas y los vegetales".
Michael Arronis, licenciado en psicología, señaló durante el mismo webinar que las personas aprenden constantemente de su entorno y, como tales, pueden verse influidas por diferentes ámbitos. Por ello, explicó que lo importante es identificar cuál es el estímulo o la motivación que nos lleva a comportarnos de determinada manera, en este caso, posicionando como premio a ciertos alimentos.
En conjunto, las intervenciones de ambos especialistas apuntaron a que un primer paso consiste en reconocer esas asociaciones aprendidas. Identificar qué situaciones o motivaciones nos llevan a buscar determinados alimentos como recompensa permite comenzar a modificar esa dinámica. Para Arce, el desafío no pasa por eliminar los llamados "alimentos divertidos", sino por dejar de ubicarlos en un pedestal como un premio y darles un lugar dentro de una
alimentación equilibrada, donde los alimentos nutritivos sigan siendo la base.
Este artículo fue producido por Tomás Vicente, periodista especializado en Salud.
Fuentes consultadas:
PALIG Webinar‑ Alimentación con propósito.
Annual Review of Psychology, "Rethinking Food Reward ".
Nutrition Reviews, "Food reward system: current perspectives and future research needs"