Un giro triste en las estadísticas muestra que ahora los hijos, y no los padres, pueden ser los primeros en ser diagnosticados con cáncer.
Décadas atrás, el
cáncer era una palabra que aparecía en la charla médica más cerca del otoño de la vida, pero ahora hay más diagnósticos cuando la vida adulta está comenzando.
Y se trata de una tendencia que no conoce fronteras. El cáncer diagnosticado antes de los 50 años está aumentando rápidamente en toda América Latina y ya representa aproximadamente el 17% de los nuevos casos.
Las estadísticas muestran que el más letal en la franja joven de edad es el cáncer colorrectal. En Estados Unidos, este tipo de cáncer ya es la principal causa de muerte entre los 18 y los 49 años.
Otro cáncer que aparece en diagnósticos precoces es
el de mama. Pero investigadores apuntan que esta alza se observa con una docena de otros tipos de cáncer.
La tendencia se caracteriza principalmente por diagnósticos tardíos, cuando ya el cáncer se encuentra en etapa avanzada, y tumores agresivos, lo que afecta de manera desproporcionada a las poblaciones más jóvenes.
Científicos dicen que todavía no saben a qué atribuir este aumento de casos, sin embargo, apuntan a lo que ahora se conoce como “exposoma” una serie de causas que pueden persistir a lo largo de la vida y que combinadas incluyen:
La obesidad
El consumo excesivo de alcohol
Factores ambientales como presencia de cancerígenos y microplásticos
La tendencia a consumir alimentos ultraprocesados
Alteraciones en la salud intestinal vinculadas a todo lo anterior
La genética (la única de las causas no modificables)
Parte del problema de este aumento del cáncer en jóvenes es que ni se dan cuenta de que se está desarrollando: a los 20, 30, el adulto joven está más preocupado por forjar una carrera, conocer el mundo, formar una familia, que por ir al doctor por sospechar que puede tener una enfermedad que ni siquiera todavía está en su vocabulario.
Sin embargo, desafortunadamente hoy en día incorporarla puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
Por eso hay que:
Estar atento a los síntomas. Por ejemplo, si ves aunque sea un pequeño hilo de sangre en las heces, ve al médico de inmediato. Puede ser una hemorroide, pero también puede tratarse de una señal de cáncer colorrectal. NUNCA le restes importancia.
Cualquier otro signo de que tu salud está alterada: pérdida de peso inesperada, dolores nuevos, un bultito imperceptible en el seno, haz una cita con tu doctor.
Aunque puede variar de acuerdo al país, en general tanto la mamografía para detectar el cáncer de mama como la
colonoscopía para el cáncer colorrectal se recomiendan a partir de los 40 y 45, respectivamente, para personas con riesgo promedio.
Conocer el historial familiar de cáncer. Parece una obviedad, pero muchas veces no sabemos de qué fallecieron nuestros abuelos o bisabuelos, o qué enfermedades padecieron otros familiares cercanos. Es esencial saber si un tipo de cáncer se presenta de manera frecuente en tu familia: es el primer signo de que hay que estar alerta. El médico debe conocer esa información para determinar la línea de acción.
Tener un médico de confianza. Establecer una relación con un profesional de salud de confianza puede ayudarte a evaluar tu riesgo personal y a interpretar la nueva información a medida que evolucionan las investigaciones y las recomendaciones de salud pública. De ser necesario, el médico indicará pruebas como colonoscopías o mamografías antes de la edad recomendada para iniciarlas.
Llevar una vida sana. Más allá del eventual riesgo, siempre es importante
comer sano, y hacer ejercicio. No fumar y controlar el consumo de alcohol también son clave para alejar al fantasma del cáncer.
Fuentes consultadas
Yale Medicine, “Onset Cancer”.
American Cancer Society, “Guideline for Colorectal Cancer Screening”.
Breastcancer.org, “When to Get a Mammogram”.
US National Library of Medicine, “Cancer Incidence and Mortality Estimates in Latin America and the Caribbean: A Systematic Analysis of the GLOBOCAN 2022”.