La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya considera al nuevo brote de Ébola, que se registra desde mediados de abril en la República Democrática del Congo, y que al 21 de mayo se había cobrado 139 vidas, con más de 600 casos sospechosos, una emergencia de salud pública de importancia mundial.
El virus del Ébola causa una enfermedad infecciosa grave que se propaga entre humanos a partir del contacto directo o indirecto con la sangre o fluidos corporales de una persona enferma.
La enfermedad suele tener una mortalidad alta: en el actual brote de Ébola la tasa se ubica entre el 55% y 60%.
El origen del virus
La enfermedad que causa el Ébola se considera zoonótica, es decir, que en algún momento ha “saltado” de especies: en este caso de animales a humanos.
El virus del Ébola puede transmitirse a la población humana cuando las personas mantienen contacto cercano con órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de animales infectados. Pueden ser chimpancés, gorilas, monos, antílopes, puercoespines o murciélagos frugívoros, estos últimos serían los portadores naturales del virus, hallados enfermos o muertos en la selva.
Lo mismo pasa con el contacto de persona a persona que puede ocurrir a través de:
sangre o líquidos corporales de personas enfermas o fallecidas por el virus; y
objetos o superficies contaminados por líquidos o secreciones corporales (como sangre, heces y vómitos) de un enfermo o de alguien que haya fallecido por esta enfermedad.
Las personas no transmiten el virus mientras no presenten síntomas, y siguen siendo infecciosas mientras haya virus en su sangre.
En las ceremonias funerarias que implican contacto directo con cadáveres también se puede producir transmisión del Ébola. Especialmente para familiares de las víctimas y para los trabajadores de salud es esencial seguir de manera estricta las medidas de precaución para prevenir el contagio.
Desde que se detectó por primera vez en 1976 en una aldea cercana al río Ébola, en la República Democrática del Congo (antigua Zaire), los brotes de Ébola se han registrado en distintas zonas de África.
Sin embargo, ha habido casos en los que personas infectadas llegaron a otros países: en el actual brote, hasta el momento, se ha registrado un caso registrado en Uganda.
Síntomas del Ébola
El período de incubación (es decir, el intervalo entre la infección y la aparición de los síntomas) oscila entre dos y 21 días.
Los síntomas iniciales, que pueden aparecer de forma repentina, son:
Luego se complican con vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupciones cutáneas y signos de deterioro de las funciones renal y hepática.
Pese a la percepción generalizada, las hemorragias no son un síntoma tan frecuente y pueden aparecer en fases más avanzadas de la enfermedad.
Tratamiento del virus
No existe todavía una vacuna que pueda prevenir esta infección. Por eso es crítica la prevención. El tratamiento es básicamente de apoyo.
Los pacientes tienen muchas más probabilidades de sobrevivir si reciben:
Líquidos y electrolitos (sales corporales) por vía oral o intravenosa.
Medicamentos para mantener la presión arterial normal, reducir los vómitos y la diarrea, y controlar la fiebre y el dolor.
Tratamiento para otras infecciones, en caso de que se presenten.
Fuentes consultadas
Organización Mundial de la Salud, "La epidemia de la enfermedad del Ébola causada por el virus de Bundibugyo en la República Democrática del Congo y Uganda ha sido declarada una emergencia de salud pública de importancia internacional".
Organización Panamericana de la Salud, “Enfermedad por el virus del Ébola”.
Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, “Lo básico sobre Ébola”.