Los problemas para
dormir bien y la inflamación tienen una relación que es como un círculo vicioso. La pérdida de sueño desencadena respuestas proinflamatorias y, a su vez, la inflamación elevada altera el sueño.
Para comprender este complejo mecanismo hay que entender bien a los dos protagonistas.
Qué es la inflamación
La
inflamación es la respuesta inmunitaria natural del cuerpo humano para defenderse de lesiones, infecciones o irritaciones. Es un proceso para proteger y sanar los tejidos. Actúa como mecanismo de defensa, causando a menudo enrojecimiento, calor, hinchazón, dolor y pérdida temporal de función en la zona afectada. Es un proceso esencial para la supervivencia, pero puede causar daños si la inflamación se vuelve crónica.
Entonces, hay dos formas principales de inflamación:
Inflamación aguda. Es la respuesta inmediata y a corto plazo luego de que se produce una lesión (como un corte) o una infección (como un dolor de garganta).
La inflamación natural ayuda a combatir infecciones al aumentar el flujo sanguíneo, lo que facilita la llegada de células inmunitarias a la zona del cuerpo afectada. Estas células identifican y atacan a intrusos, como gérmenes o toxinas. Este proceso conduce a la producción de anticuerpos (células de memoria), que recuerdan e identifican las amenazas para poder combatir con mayor rapidez futuras exposiciones.
Inflamación crónica. Es una respuesta a largo plazo, leve o persistente que puede durar meses o años y que a menudo daña los tejidos sanos. Esta forma de inflamación se relaciona con afecciones como la artritis, la diabetes y los problemas cardiovasculares.
Es esta segunda forma de inflamación la que está relacionada con la calidad del sueño.
Qué es un trastorno del sueño
La
falta de sueño es una afección que se produce cuando no se duerme lo suficiente o no se duerme bien. Si bien afecta el estado de ánimo, la
memoria y la energía, también puede contribuir a la inflamación.
Investigaciones han descubierto que la
falta de sueño se asocia con marcadores de inflamación que llevan al aumento de moléculas inflamatorias, como las
citocinas, la interleucina‑6 y la proteína C reactiva, entre otras.
Si bien estos signos de inflamación podrían atribuirse a otros factores, como el estrés, el tabaquismo o la obesidad, sugieren que la falta de sueño influye en el proceso inflamatorio. Cuando la inflamación no cede, puede contribuir al desarrollo de afecciones cardíacas, diabetes, accidentes cerebrovasculares y cáncer.
Además, en las fases más profundas del sueño, el líquido cefalorraquídeo circula por el cerebro, barriendo la proteína beta‑amiloide vinculada al daño de las células cerebrales. Sin una buena noche de sueño, este proceso de limpieza y reparación es menos exhaustivo, lo que permite que la proteína se acumule y que se desarrolle inflamación.
Un patrón acumulativo de pérdida de sueño puede llevar a una disminución del tamaño y la función de otras regiones cerebrales como el tálamo y el hipocampo, que son especialmente vulnerables a sufrir daños durante las primeras etapas del
Alzheimer.
Por supuesto, todos estos procesos ocurren en silencio, dentro del organismo; no es algo que se perciba inmediatamente. O se conoce cuando el daño es más difícil de reparar.
Qué hacer
El bienestar general es el mejor aliado para tener un buen sueño y prevenir la inflamación. Las prácticas de “higiene del sueño”, como dormir el número de horas adecuado para lograr tener ese necesario sueño reparador y crear un espacio para dormir bien, libre de pantallas y con luz azul, son muy importantes para prevenir afecciones.
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Fuentes consultadas: estudios científicos, Clínica Cleveland, Harvard Health, NIH, GoodRX, American Cancer Society, Alzheimer.gov, The Institute for Functional Medicine.