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Salud Mental
Cómo enfrentar las emociones que causa un desastre natural
26 de agosto de 2026
Tiempo estimado de lectura: 4m
Hay reacciones inmediatas relacionadas con la supervivencia, el estrés y la ansiedad. Pero puede haber consecuencias de salud mental de largo plazo.

Getty Images

Frente a desastres naturales como terremotos, huracanes, inundaciones, incendios, el instinto de supervivencia propio y el de proteger a los seres queridos barren debajo de la alfombra sensaciones muy intensas, que se presentan en el momento, pero que también pueden perdurar o manifestarse de diversas formas en el futuro.
Es cierto que el momento exige mucha fortaleza. Pero es importante darse cuenta de que la integridad emocional es esencial para salir adelante. Y, de ser necesario, no hay que sentir pena en pedir ayuda.
Los expertos en psicología de desastres enumeran las siguientes reacciones más frecuentes:
Reacciones inmediatas. Estado de shock y confusión (dificultad para procesar eventos repentinos que amenazan la vida); sensación de impotencia (ansiedad intensa por la seguridad, separación de la familia y pérdida del hogar); estrés físico (agotamiento, dolores de cabeza y problemas para dormir o comer).
Efectos a largo plazo. Trastorno por estrés post traumático o TEPT (pensamientos intrusivos, recuerdos retrospectivos intensos e hiperactivación relacionados con el trauma); depresión y duelo (tristeza persistente o desesperanza por la pérdida de seres queridos o bienes materiales); tensión acumulada (vinculadas a la inestabilidad financiera, el desplazamiento y la exposición a desinformación).
Muchas veces el pensamiento general es “a mí no me va a pasar, porque soy fuerte”. Pero los desastres naturales ponen a cualquier persona al límite de su capacidad emocional, se trata de momentos muy complejos de procesar, disparadores de sensaciones que afectan la salud mental.
La Organización Mundial de la Salud resume:
  • Casi todas las personas afectadas por emergencias experimentan malestar psicológico, el cual suele mejorar con el tiempo.
  • Una de cada cinco personas (22%) que ha vivido una guerra o un conflicto en los últimos 10 años padece depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, trastorno bipolar o esquizofrenia.
  • Las emergencias perturban considerablemente los servicios de salud mental y reducen la disponibilidad de atención de calidad.
Una persona bajo esta tensión emocional puede presentar:
Sentimientos intensos o impredecibles. Es posible que sienta ansiedad, nerviosismo, agobio o una profunda tristeza. También puede sentirse más irritable o con cambios de humor más frecuentes de lo habitual.
Cambios en los pensamientos y patrones de comportamiento. Es posible que tenga recuerdos vívidos y recurrentes del suceso. Estos recuerdos pueden surgir sin motivo aparente y provocar reacciones físicas, como taquicardia o sudoración.
Puede resultarle difícil concentrarse o tomar decisiones. También pueden alterarse los hábitos de sueño y alimentación: algunas personas comen o duermen en exceso, mientras que otras sufren insomnio y pérdida de apetito.
Sensibilidad a factores del entorno. Las sirenas, los ruidos fuertes, el olor a quemado u otras sensaciones del ambiente pueden desencadenar recuerdos del desastre y aumentar la ansiedad. Estos "disparadores" pueden ir acompañados del temor a que el suceso estresante vuelva a ocurrir.

Tomando acción

Ante el momento tremendo de un desastre natural, y después, la Asociación Americana de Psicología aconseja:
Reconocer los propios sentimientos. Aceptar el impacto emocional, el duelo, la ira o la ansiedad como reacciones normales ante un trauma.
Limitar la exposición a los medios. Evitar ver coberturas informativas continuas y repetitivas sobre el desastre para reducir el estrés secundario.
Mantener rutinas. Intentar alimentarse de forma saludable, beber agua limpia, dormir e ir retomando las actividades cotidianas habituales.
Hablar y conectar con otros. Compartir las experiencias con seres queridos, amigos o grupos de apoyo cuando se esté preparado es un buen primer paso hacia la recuperación.
Pasar a la acción. Centrarse en tareas que se puedan controlar en lugar de preocuparse por factores que escapan al propio control.

Cuándo buscar ayuda profesional

Estos son signos clave para buscar ayuda: si el malestar emocional persiste o empeora después de varias semanas; si se tienen dificultades para desenvolverse en el trabajo, la escuela o el hogar; o no se pueden realizar actividades de la vida diaria, y si surgen pensamientos de hacerse daño a uno mismo o a otras personas.
Fuentes consultadas
Organización Mundial de la Salud
Banco Interamericano de Desarrollo
American Psycologichal Association
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