Felicidad y salud, ¿cuál es la verdadera relación? 

18 dic 2018

Felicidad y salud, ¿cuál es la verdadera relación?

Resulta fácil entender por qué muchas personas asumen que la felicidad y la salud van juntas. En la última década se han publicado  decenas de investigaciones que demuestran que las personas más felices experimentan menos depresión y estrés, tienen un sistema inmunológico más fuerte, ritmo cardíaco más bajo y vida más larga.

Los investigadores han presentado argumentos básicoss e irrefutables a favor del vínculo entre felicidad y buena salud y siguen analizado si todas las formas de felicidad son realmente buenas para la salud.  Si una persona está feliz porque ganó su equipo favorito la final del campeonato, esa alegría ¿le produce el mismo beneficio a la salud que ayudar a un amigo que está pasando un mal momento?

La evidencia científica sugiere que las emociones positivas pueden ayudar a que la vida sea más larga y saludable. Pero las emociones positivas fugaces no parecen ser suficientes. Bajar los niveles de estrés durante un período de años con una perspectiva positiva y técnicas de relajación probablemente reducirá el riesgo de problemas de salud. Aún así el esfuerzo parece ser enorme para llegar  a la esquiva felicidad.  La felicidad podría hacer que su vida sea más larga y saludable, nos dicen. Pero las emociones positivas tienen que ser a largo plazo. ¿Cómo?

Los psicólogos positivos utilizan el término felicidad para referirse a ese sentido subjetivo de bienestar, que requiere al mismo tiempo una relativa falta de sentimientos negativos como la ira, la tristeza y el miedo. Instituciones dedicadas a la salud mental y psicólogos se han enfocado en los últimos años en guiar a las personas para vivir satisfechas y encontrarle un sentido a la vida.

Padres felices ¿hijos felices?

Otras investigaciones sugieren que el nivel general de felicidad está determinado, al menos en parte, por la genética. Dicen que aunque fluctúe según la circunstancias, la mayoría de las personas regresan a su nivel familiar de satisfacción. Sin embargo, sabemos que los genes son sólo una parte de la historia.

Incluso un rasgo físico altamente heredable, como la altura (90%), puede variar hacia arriba o hacia abajo por factores ambientales como la buena o mala nutrición. En el caso de la felicidad, con una probabilidad de herencia mucho menor, el margen para la variación en función de las circunstancias de la vida es mucho mayor.

La psicóloga positiva Sonja Lyubomirsky de la Universidad de California, Riverside, y sus colegas estiman que en toda la población, el 50% de la felicidad es genética, el 10% depende de sus circunstancias (trabajo, hogar, relaciones, etc.) y 40% está bajo el control de cada individuo. Esta proporción obviamente puede variar según cada individuo.

Tres caminos posibles hacia la felicidad

En una fase temprana de investigación de la psicología positiva, el psicólogo de la Universidad de Pennsylvania Martin Seligman, y Christopher Peterson de la Universidad de Michigan eligieron tres vías para examinar. A través de grupos de enfoque y pruebas a cientos de voluntarios, concluyeron que cada uno de estos caminos contribuían a estar satisfechos con la vida y alcanzar un estado de felicidad.

Sentirse bien. Buscando emociones y sensaciones placenteras, a partir del modelo hedonista de felicidad presentado por Epicuro, que se enfocó en alcanzar la felicidad al maximizar el placer y minimizar el dolor.

Participar plenamente. Realizando actividades que lo involucren plenamente, a partir de investigaciones que probaron que las personas se sienten más satisfechas cuando están totalmente inmersas y concentradas en lo que están haciendo.

Hacer el bien. Buscar el sentido de la vida fuera de uno mismo, remontándose a la noción de eudemonía de Aristóteles, ese estado de satisfacción y felicidad que surge de conocer el verdadero yo y actuar de acuerdo con sus virtudes. A través de grupos de enfoque y pruebas a cientos de voluntarios, encontraron que cada uno de estos caminos contribuye individualmente a la satisfacción con la vida.

La felicidad que proviene de hacer el bien o de cumplir con un propósito en la vida puede ser mejor que la felicidad que proviene de la auto gratificación o de la búsqueda del placer inmediato y momentáneo, como comprarse un auto nuevo, ver una película que nos gusta o salir de vacaciones. Sin embargo, es posible que aún esas alegrías momentáneas cumplan un rol importante en la felicidad y la salud a largo plazo.

Los resultados iniciales de una investigación reciente prueban que las personas pueden hacer pequeños cambios en sus patrones de pensamiento para ayudarse a experimentar más alegría. La felicidad efímera es un fenómeno común en estos días. Pero si vivimos con más  alegría esos momentos pueden dejar en el cerebro una huella emocional positiva más profunda.

Las emociones positivas se han relacionado con una mejor salud, una vida más larga y un mayor bienestar en numerosos estudios científicos.

Seis maneras en que la felicidad mejora la salud

 

  • Ser feliz es bueno para el corazón: ¿Está la felicidad vinculada a corazones más sanos, incluso entre personas que podrían tener problemas cardíacos? Parecería que sí. Los participantes en varios estudios similares que se calificaron a sí mismos como los más felices, el día en que sus corazones fueron examinados tuvieron un patrón más saludable de variabilidad del ritmo cardíaco.
  •  La felicidad fortalece el sistema inmunológico: ¿Conoce a una persona malhumorada que siempre parece enfermarse? Puede que no sea una coincidencia. Varios experimentos en los últimos diez años encontraron que la actividad del sistema inmunitario en el mismo individuo puede subir y bajar según su estado de satisfacción y felicidad.

 

  • La felicidad combate el estrés: El estrés no solo nos afecta psicológicamente, sino que también desencadena cambios biológicos en nuestras hormonas y altera la presión arterial. La felicidad parece atenuar estos efectos, o al menos nos ayuda a recuperarnos más rápidamente.
  • Las personas felices tienen menos dolor: Las  emociones positivas pueden mitigar el dolor en el contexto de una enfermedad. En un estudio con mujeres que sufrían de artritis y dolor crónico, las participantes que pudieron experimentar emociones positivas como interés, entusiasmo e inspiración tuvieron menos probabilidades de sentir más dolor.
  • La felicidad alarga la vida: El último indicador de la importancia de la felicidad para la salud es la longevidad. Varias investigaciones han probado que las personas que tienen más emociones positivas y están más satisfechas con su vida viven más.

Fuentes consultadas: US National Library of Health, “Don't worry, be happy: positive affect and reduced 10-year incident coronary heart disease: The Canadian Nova Scotia Health Survey”; Elsevier, “Trait and state positive affect and cardiovascular recovery from experimental academic stress”; Harvard Medical School Special Publications, “Positive Psychology”; Sonja Lyubomirsky, “The Myths of Happiness: What Should Make You Happy, but Doesn't, What Shouldn't Make You Happy, but Does”

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