Cuando la ansiedad llega para quedarse

11 may 2018

Cuando la ansiedad llega para quedarse

Las noticias, los asuntos de dinero, los problemas de los hijos o simplemente el traslado al trabajo nos dan ansiedad. Esta sensación nos parece inevitable y parte de la turbulenta vida cotidiana. Pero debemos saber que los trastornos de ansiedad son mucho más complicados y prolongados que la breve ola de pánico que nos invade de vez en cuando. 

Un mundo ansioso

Entre las muchas y distintas condiciones psiquiátricas, los trastornos de ansiedad se destacan sobre todo porque son muy comunes, dado que afectan a 264 millones de personas en el mundo. En Estados Unidos, la gente con ansiedad representa el doble del número de personas que sufren de depresión u otros trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar. Si sufre de ansiedad, estos números deberían darle cierta tranquilidad: no está solo o sola.

Pero cuidado, no debemos confundir “común” con “inocuo.” El hecho de que tantos padezcan de ansiedad, combinado con los factores de estrés de la vida moderna, han contribuido, sin duda, a la idea equivocada de que la ansiedad es una molestia pasajera e inofensiva que nos afecta a todos en algún momento. 

Aunque es cierto que podemos tener miedos, perder el aliento, o sentirnos nerviosos sin que se trate de un trastorno de ansiedad, es importante reconocer cuándo los síntomas señalan una condición crónica que afecta nuestra calidad de vida, las relaciones con nuestros seres queridos, y nuestra búsqueda de la felicidad.

No es tan simple

La ansiedad se manifiesta de diferentes formas. Entre los síntomas más comunes se encuentran la sensación de temor o peligro, la preocupación o desesperación, los ataques de pánico, el estrés y la tensión muscular, además de otros padecimientos físicos como náuseas, mareos, falta de aliento, y palpitaciones o taquicardia.

Los distintos tipos de trastornos de ansiedad se definen tanto por los síntomas que están presentes como por  las causas que los provocan. Por ejemplo, los que sufren del trastorno de ansiedad social (TAS) o más comúnmente “fobia social” se sienten ansiosos cuando tienen que hablar en público o compartir un espacio con otros, mientras que el trastorno de estrés postraumático (TEPT) puede aparecer luego de una experiencia traumática severa, como una situación de vida o muerte. 

Sin embargo, no todos los trastornos de ansiedad tienen causas subyacentes tan claras. Mucha gente sufre de lo que se denomina trastorno de ansiedad generalizada, una condición que se caracteriza por sensaciones de ansiedad o preocupación excesivas sobre distintos asuntos (y no como resultado de un detonante solamente) que puede prolongarse por seis meses o más.

Los distintos tipos de trastornos de ansiedad suelen tener síntomas parecidos, pero la ansiedad es una denominación general. Para tratarla es necesario tener un diagnóstico específico. Entre las condiciones que se clasifican como trastornos de ansiedad podemos mencionar:

  • Ataques de pánico: Son episodios de ansiedad intensa acompañados por sensaciones de temor o terror y síntomas físicos como pérdida de aliento, palpitaciones, transpiración, y dolor de pecho.
  • Trastorno de pánico: Consiste en ataques de pánico recurrentes e imprevisibles. La personas que sufren de este trastorno suelen vivir preocupadas, temiendo el siguiente episodio. Muchas de ellas deciden evitar lugares públicos y quedarse en sus casas (una condición que se llama evitación agorafóbica.)
  • Fobia específica o simple: Ansiedad cuyo detonante es un objeto o situación temida. 
  • Trastorno obsesivo-compulsivo: Se caracteriza por pensamientos obsesivos y comportamientos repetitivos (rituales o compulsiones) recurrentes e incontrolables. Los síntomas duran más de una hora por día y afectan seriamente la calidad de vida de la persona que los sufre. 
  • Trastorno por estrés agudo: Síntomas de ansiedad profundos que duran hasta un mes después de un evento traumático (a diferencia del trastorno de estrés postraumático, cuyos síntomas duran más de un mes.)
  • Enfermedades que imitan o provocan síntomas de ansiedad: La ansiedad, ataques de pánico, obsesiones o compulsiones causadas por enfermedades tiroideas, respiratorias, u otras.
  • Ansiedad producida por el consumo de sustancias: Ansiedad severa, ataques de pánico, o comportamientos paranoicos u obsesivos causados por una medicación o por el abuso de drogas.

Las causas: ¿existe un “gen de la ansiedad”?

Los científicos están tratando de identificar los factores que contribuyen al desarrollo de la ansiedad. ¿Por qué algunos de nosotros sufrimos de ansiedad crónica, mientras que otros aparentan estar siempre relajados, navegando por la vida con el viento en popa? 

La respuesta puede estar en tendencias biológicas que predisponen a ciertas personas a la ansiedad. Existen variaciones genéticas que pueden alterar los niveles químicos del cerebro,  afectando las conexiones y los circuitos neuronales. Por ejemplo, un estudio publicado en la revista científica Cell observó que la duplicación de una región del cromosoma 15 es particularmente común en familias con antecedentes de ataques de pánico y fobia. 


Pero ni esta ni otras irregularidades genéticas se han observado de manera uniforme en las personas que sufren de ansiedad. Por lo tanto, los expertos no creen que exista un “gen de la ansiedad.” Lo más probable es que una combinación de factores, algunos de ellos genéticos y otros ambientales, sociales o emocionales, juntos, contribuyan al desarrollo de los trastornos de ansiedad.

En cuanto a los factores sociales, hay datos muy reveladores. En las Américas, un 7.7% de la población femenina sufre de trastornos de ansiedad (comparado a un 3.6% de la población masculina.) Y un famoso estudio realizado por la Universidad de Princeton en Estados Unidos en 2012 estableció un vínculo entre la pobreza y la ansiedad, concluyendo que las madres de niños de 3 años o menores que se consideran pobres tienen más probabilidades de ser diagnosticadas con trastorno de ansiedad generalizada.

¿Ansiedad, depresión, o ambas?

Los trastornos de ansiedad son más comunes que la depresión: un 5% de la población sufre de depresión, mientras que casi un 6% tiene ansiedad. No obstante, y aunque se trate de dos diagnósticos distintos, existe un fuerte vínculo entre las dos condiciones. 

Según un informe especial de la Escuela de Medicina de Harvard, dos tercios de las personas que tienen un desorden de ansiedad también sufren de depresión en algún momento de su vida. Algunos expertos hasta consideran que la coexistencia de ambas condiciones indica una patología separada, que denominan “trastorno mixto ansioso-depresivo” (MADD, por sus siglas en inglés). 

No es ningún secreto que la depresión y la ansiedad comparten muchos síntomas, pero lo notable es que también se parecen estructuralmente: las mismas anormalidades de neurotransmisores que causan la depresión también pueden detonar la ansiedad.

La luz al final del túnel

Para los que sufrimos de ansiedad, nos puede parecer que se trata de un túnel sin salida. Aunque la ansiedad se asocia comúnmente con el insomnio y con niveles elevados de adrenalina, las personas ansiosas en general se sienten completamente inmovilizadas y con poca energía o ánimo para cambiar su situación. Afortunadamente, cada vez hay más opciones para tratarla.

Las propuestas de tratamiento para los trastornos de ansiedad incluyen tres enfoques principales:

  1. Ciertos tipos de psicoterapia, particularmente cognitivo conductual y terapia de exposición, son beneficiosas en el tratamiento de la ansiedad.
  2. Medicamentos (antidepresivos, benzodiazepinas, u otras drogas).
  3. Tratamientos alternativos, como ejercicios de relajación, meditación, o técnicas novedosas como la estimulación magnética transcraneana, por ejemplo. 

Para algunas personas es suficiente con uno de estos métodos, sin embargo se ha comprobado que la manera más eficiente de tratar la ansiedad es con dos de ellos, por ejemplo combinando terapia cognitiva y medicamentos. Usted y su médico deben analizar los beneficios y los efectos secundarios de cada tratamiento antes de decidir cuál, o qué combinación usar.

Sea cual sea el tratamiento que se elija, lo más importante es tener paciencia, ser persistente,  quererse mucho a sí mismo y cultivar la empatía. Varios estudios han demostrado que ponerse en los zapatos de otro baja la ansiedad. 

Hacer ejercicio, alimentarse bien, dormir suficiente y manejar el estrés son recomendaciones  fundamentales para todos --ansiosos o no-- para aliviar los problemas de ansiedad.

Fuentes:

Harvard Medical School Special Health Report: “Coping with Anxiety and Stress Disorders”, World Health Organization (WHO), “Depression and Other Common Mental Disorders”, Greater Good Magazine

Child and Adolescent Social Work Journal (CASW), Anxiety and Depression Association of America (ADAA), HolaDoctor.com

 

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