Los cereales integrales son aquellos que conservan las tres partes del grano: salvado, germen y endospermo. Algunos ejemplos son la avena, el arroz integral y el centeno.
A diferencia de los cereales refinados, suelen aportar más
fibra, micronutrientes y otros compuestos bioactivos, por lo que forman parte de patrones de alimentación saludables.
Recientemente, un metaanálisis de 87 ensayos clínicos, con más de 6.500 participantes, encontró que el consumo de cereales integrales puede producir mejoras en distintos indicadores cardiometabólicos.
¿Cuánto? La cifra que aparece en la investigación es de 60‑100 g de cereales integrales al día (medidos en peso seco), equivalentes aproximadamente a 4‑6 porciones.
El metaanálisis encontró que este rango de consumo se relacionó con mejoras en distintos indicadores, entre ellos:
Circunferencia de cintura
Colesterol LDL
Triglicéridos
Presión arterial sistólica
Glucemia y resistencia a la insulina
Esta cifra no debe interpretarse como una cantidad universal obligatoria ni como una garantía de resultados: se trata del rango de consumo en el que se observaron mejoras en los estudios analizados.
¿Todos los cereales integrales producen los mismos efectos?
El análisis encontró indicios de que los efectos podrían variar según el tipo de cereal:
Avena: mostró efectos sobre los lípidos sanguíneos
Centeno: presentó efectos relacionados con el peso corporal
Arroz integral: mostró resultados relacionados con los lípidos y la inflamación
Estos resultados deben interpretarse con precaución, ya que los estudios analizados no fueron diseñados principalmente para comparar directamente un cereal con otro, por lo que no se puede afirmar que uno sea mejor que los demás.
¿Por qué podrían tener estos efectos?
Los autores proponen varios mecanismos posibles, relacionados con su contenido de fibra, micronutrientes y otros compuestos bioactivos, así como con posibles efectos sobre la microbiota intestinal, la ingesta energética y la
sensibilidad a la insulina.
Sin embargo, todavía no está claro cuánto contribuye cada uno de estos mecanismos a los efectos observados.
¿Y qué ocurre con los cereales integrales ultraprocesados?
La mayoría de los ensayos estudiaron cereales integrales mínima o moderadamente
procesados. Sin embargo, también existen productos ultraprocesados que contienen cereales integrales.
Entonces ¿ofrecen los mismos beneficios? Todavía no hay evidencia suficiente para saberlo. Aunque los autores consideran que, entre productos ultraprocesados, una versión con cereales integrales probablemente sea preferible a su equivalente elaborada con cereales refinados.
¿Cómo añadir cereales integrales a la dieta?
Esto no tiene por qué ser complicado y existen muchas opciones según el momento del día:
Desayuno o merienda: usar avena en yogur, leche o preparaciones caseras, elegir pan integral en lugar de pan refinado
Almuerzo o cena: alternar arroz blanco con arroz integral, o incorporar otros granos integrales como cebada o trigo burgol
Guarnición: combinar cereales integrales con verduras o legumbres
Para el día a día: utilizar avena o harinas integrales en distintas preparaciones, como panes, tortillas, o
hot cakes
Lo importante es entender que no hace falta incorporar todos estos alimentos ni hacerlo de un día para otro. La idea es priorizar progresivamente las versiones integrales dentro de una alimentación variada.
Este artículo fue producido por Tomás Vicente, periodista especializado en Salud.
Fuentes consultadas: