Un número de teléfono, una fecha de cumpleaños, una dirección, una receta o una fotografía. Cualquier información que queremos conservar puede quedar almacenada en
nuestros teléfonos en menos de un segundo, pero eso no significa que lo recordemos con claridad.
Un reciente estudio analizó qué ocurre con la memoria cuando, en lugar de simplemente mirar una imagen, hacemos una captura de pantalla. Para ello, los investigadores realizaron siete experimentos en los que los participantes observaron imágenes de obras de arte. En algunas condiciones solo las miraban, en otras, además, hacían una captura.
El resultado fue consistente en estos experimentos: las imágenes que habían sido capturadas se recordaban peor que las que solo habían sido observadas. Los investigadores tampoco encontraron que hacer una captura ofreciera ventajas en otras pruebas de memoria ni en una tarea cognitiva posterior.
Una posible explicación puede estar relacionada con un fenómeno conocido como cognitive offloading o "descarga cognitiva": cuando sabemos que algo quedó guardado en un dispositivo y podemos recuperarlo después, podemos dedicar menos esfuerzo a recordarlo.
Este hallazgo se suma a una línea de investigación sobre lo que se conoce como photo‑taking impairment effect: en determinadas condiciones, la información que fotografiamos se recuerda peor que aquella que simplemente observamos.
El origen de este término se remonta a un estudio realizado en 2014, en el que se llevó a participantes a recorrer un museo y se les indicó que observaran algunas obras y fotografiaran otras. Al día siguiente, quienes habían tomado fotografías recordaban menos obras, menos detalles y menos información sobre dónde estaban ubicadas.
Pero el resultado tuvo un matiz importante: cuando los participantes no fotografiaban la obra completa, sino que hacían zoom sobre una parte específica, ese efecto desaparecía.
Esto sugiere que no se trata simplemente de que una cámara o un teléfono "arruinen" la memoria. La forma en que dirigimos nuestra atención e
interactuamos con la información también puede influir en lo que recordamos.
¿Por qué ocurre esto?
Esta es una de las grandes preguntas en torno a la premisa de que guardar no significa recordar. Aunque todavía no existe una respuesta definitiva, los investigadores manejan varias explicaciones:
Descarga cognitiva: al saber que la información está almacenada externamente, podemos dedicar menos esfuerzo a incorporarla o mantenerla en nuestra memoria.
Atención dividida: fotografiar o capturar una imagen introduce una acción adicional mientras procesamos aquello que tenemos delante.
Estos resultados no significan que hacer capturas o tomar fotografías produzca un deterioro permanente de la memoria ni que debamos dejar de utilizar el teléfono para almacenar datos.
De hecho, externalizar información puede ser útil. Una dirección, un número de teléfono o una lista de tareas no necesitan permanecer en nuestra memoria si podemos recuperarlos cuando los necesitemos.
La diferencia aparece cuando el objetivo no es simplemente conservar una información, sino aprenderla o recordarla.
Este artículo fue producido por Tomás Vicente, periodista especializado en Salud.
Fuentes consultadas: